Lucy Rose, Barts Club

Lucy Rose

Lucy Rose: Porque un concierto sin gente hablando es posible

Texto: Nadia Dubikin
Foto: Sergi Moro

El BARTS Club tiene una lista de características que lo hacen muy especial. La primera y más obvia es su tamaño. Es tan pequeño que el escenario tiene que estar a pocos centímetros de altura, si no la audiencia no podría ver al artista. Esta también es la razón de algo curioso que sucede cuando se apagan las luces y empieza el espectáculo: la gente no habla. Hay silencio sepulcral. Sumado al reflejo de las luces contra la pared roja del bar y un concierto en acústico, como resultado nos encontramos con algunos de los directos más íntimos de Barcelona. Se agradece, sobre todo cuando acuden artistas de la talla de Lucy Rose a dar, según sus propias palabras, uno de los conciertos más relajados y divertidos que ha hecho en mucho tiempo. Al espectáculo principal ha dado paso Ajimal, un neocastrense interpretando pop folk tranquilo y emocional. Hacia el final de su aparición todo el público ha acabado sentado en el suelo en posición india. Nadie se moverá de su sitio hasta pasadas unas dos horas. 

Esperamos poco para que llegue Lucy. Mientras tanto, la gente aprovecha para decirse lo que no ha podido comentar mientras Ajimal nos cantaba. Al aparecer la cantante todos volvemos al silencio y expectación mientras se apagan las luces y los móviles. Los que llegan más tarde siguen el ejemplo de sus precedentes y se sientan, con cuidado de no molestar a nadie, en los huecos de suelo vacío que encuentran. Empieza a sonar un arpa, y con ella las primeras canciones: Intro, seguida de Is this called home, de su último álbum, Something’s changing (Lucy Rose, 2017).

Nada más escuchar los primeros temas, interpretados con ese talento y en este ambiente, es inevitable la sensación de privilegio. Qué suerte hemos tenido de haber caído aquí este jueves. Lucy aprovecha para preguntar si alguien quiere oír algún tema en especial – ¿cuándo habéis visto a alguien hacer eso en un concierto? -, a lo que varias personas responden gritando sus temas favoritos. Piden Gamble y Shiver, “vale, vamos a por todas las canciones depresivas. Entonces estaréis contentos con mi disco nuevo, son todas bastante tristes”. Y suena Middle of the bed, que según ella nadie conoce, pero se la dedica a su amiga Paty porque es su favorita. 

Puedo imaginar que una audiencia pequeña, en completo silencio, que te mira fijamente y en la que puedes distinguir cada una de las caras es incluso más intimidante que un festival con miles de personas. Pero poco a poco la artista se va acomodando ante nosotros. Al volver a preguntar por temas esperados y oír Night bus bromea con que ok, sólo queremos oír su primer álbum. Le dedica Nebraska a la chica que la ha pedido. Al acabar anuncia que sólo sigue tocando lo que queramos si alguien se compromete a subir al escenario y cantar con ella. Nos dará algún tiempo para sacar coraje. Mientras tanto, vuelve al escenario Fran (Ajimal) para cantar junto a ella Moirai, dedicada al dios griego del destino, pare decirle, básicamente, que es un capullo. Antes de pedir que suba alguien de la audiencia aprovecha para contar las cosas que le gustan de la sala: cómo suenan los monitores, la silla en la que está sentada… Lucy parece una amiga que toca delante de sus seres queridos más que una artista internacional cumpliendo casi año y medio de gira. Por presión de su padre, aparece en el escenario Gemma, con la que va a cantar Shivers. Lucy flipa con que sólo tenga quince años: “Yo tengo 28, y ahora se me acercan adultos crecidos a decirme que llevan siendo mis fans desde que tienen 10 años”. Gemma canta tímidamente la canción mientras la artista la acompaña en los coros, y al bajar del escenario toda la sala la alaba con los aplausos más fuertes que puede. “Eso ha sido muy guay. Quince. Joder”.

Decide tocar un tema nuevo con el título provisional de Treat me like a woman. “Me pregunto de qué irá la canción”, añade. Y al acabar hace un anuncio: “Para el 50% de la sala que ha venido acompañando a alguien y no tienen ni idea de quién soy, sólo quedan tres temas”. Sigue improvisando la setlist a base de peticiones de la audiencia. Piden Gamble y Suck it up. Dice que esta última le encanta porque Ben – músico que ha estado saltando entre bajo y guitarra durante el concierto – tiene que hacer unos agudos que no nos imaginaríamos que puede hacer, y le parece muy gracioso. Durante el tema Ben se da cuenta de que no llega, pide perdón y deja de cantar. Acto seguido Lucy interrumpe el concierto y dice que pueden hacerlo mejor, y vuelven a empezar desde ese estribillo. Para terminar nos deleita con Gamble, que no suele tocar porque “no quiere infligir este tema en los demás, pero nosotros lo hemos pedido”. 

Después de una corta ausencia vuelve a hacer el bis primero con Red face, que le dedica oficialmente a Gemma, Floral dresses y una canción todavía sin nombre que escribió para su sobrino. Nos agradece haber venido y apoyarla, y le gusta que pidamos temas viejos porque significa que la seguimos desde el principio, y que también tenemos cien años como ella. 

Siempre he odiado, al hablar de un concierto, la pregunta o afirmación de “suena igual que en el disco”. Tú no acudes a un concierto para escuchar un disco. Acudes para vivir la música en directo. Antes del espectáculo conocía poco más de lo que había investigado a Lucy Rose, pero imagino pocos directos de los que un fan real pueda salir más satisfecho. Ha sido lo más espontáneo que veré a un artista consolidado hacer en un show, y la expresión más elevada del término en vivo.

Ajimal, Barts Club

Ajimal

Ajimal, Barts Club

Ajimal

Lucy Rose, Barts Club

Lucy Rose

Lucy Rose, Barts Club

Ben, Lucy Rose

Lucy Rose, Barts Club

Lucy Rose

Lucy Rose, Barts Club

Lucy Rose

Lucy Rose, Barts Club

Lucy Rose