Joshua Radin, Bikini

Joshua Radin

Joshua Radin o cómo improvisar un show brillante

Texto: Marina Montaner
Foto: Tessy Troes

Domingo, tarde, noviembre, otoño… palabras que invitan a la vida sedentaria. Un llamamiento a los más vagos, que les incita a estirarse en el sofá a mirar series, con ropa cómoda y una mantita mullida. Y, por qué no, alguien que les acompañe. El concierto de Joshua Radin podría haber sido una especie de tributo a las tardes de domingo en las que más de uno habrá descubierto sus canciones mientras devoraba temporadas de Scrubs o Grey’s Anatomy. Un concierto con temas lentos, en los que las notas rasgadas a la guitarra esbozarían melodías tranquilas que se mezclarían con letras melosas y románticas. Y si en un principio, podría haberlo parecido por las canciones que su telonero, Cary Brothers, eligió de su repertorio, todo cambió con la llegada de Radin al escenario

Traídos a España de la mano de Cooncert, una plataforma social que organiza conciertos según los votos que el público hace en su web para traer aquellos artistas que más les gustan a sus ciudades, Radin y Brothers, ambos cantautores de folk estadounidenses, llenaron la sala Bikini de parejas acarameladas y de románticos empedernidos. Ambos comenzaron su carrera musical a principios de los 2000 y se hicieron populares después que sus canciones aparecieran en series y películas de gran popularidad, como Grey’s anatomy, Scrubs y One tree hill, o los dramas románticos The last kiss y Dear John.

A pesar de tener ocho EPs y dos álbumes a sus espaldas, con la inmensa variedad de temas disponibles que eso implica, Cary Brothers optó por una selección de sus temas más conocidos. Entre ellos se encontraban Belong, una balada de desamor de ritmos lentos y mensaje amargo: «I don’t belong to you». También Blue eyes, el tema que le ha valido más reconocimiento y en el que llora por aquellos ojos azules que son dulces con su mal. Brothers cerró su actuación con la interpretación de Ride, un tema ligeramente más cañero que los anteriores, pero con el mismo toque desazonador y romántico que los anteriores. Un combo perfecto para aquellas parejas que se encontraban en la sala, que no dudaban en mostrarse su afecto con besos, abrazos y mimos allí dónde se encontrasen.

Y luego, llegó Joshua. En una oscuridad casi absoluta, una sombra avanzaba lentamente hacia el micro, rasgando las cuerdas de la guitarra. El público se emociona: algunos gritan “¡Uoooooh!”; otros se exclaman que es él. Cuando la sombra llega ante el micro, las luces se encienden y le iluminan. “¡Ay, que guapo, por Dios!”, le dice excitada una chica a su amiga. Joshua empieza a cantar: «I have no envy, no fear», canta con una voz suave como un suspiro mientras sonríe zalamero a la audiencia.

Al acabar la canción, entona directamente su famosa versión de la Only you, y realza otra vez el entusiasmo del público. Las dos chicas que no han podido parar de comentar lo guapo que está Joshua se ponen a cantar. Las parejas se abrazan más y se dan más besitos que antes. “It’s so good that I can see your faces! When I started this song I saw like twelve people that starded kissing their girlfriends”, dice el cantautor al acabar la cancion. Se disculpa porque no tiene ninguna lista de canciones preparada, y sentencia que tocará lo que siente si estamos “okay with it”. El público le contesta con “¡yeeeeeeeeeeeeeeeeeeees!” multitudinario, y le lanza sus recomendaciones.

Así comienzan a desfilar las canciones, sin orden aparente, según lo que él quiere cantar y lo que el público le ha pedido: You got what I need, Falling – uno de los temas de su nuevo álbum autoproducido, The fall –, Vegetable car, You got growing up to do – su canción favorita de las que ha compuesto –, Beautiful day… De repente, Joshua explica que la siguiente canción que va a tocar es sobre la primera vez que puso la cabeza debajo del agua. El cantautor se sincera con su audiencia, y le explica al público que cuando era pequeño, tenía un problema en el oído por lo que hasta hace algunos años nunca había podido sumergirse. Un día, el médico le revisó el oído y le dijo que ya no había problemas, que podía poner la cabeza bajo el agua. Le pide al público que pique de manos y de pies en los coros de la canción, y se lanza en la interpretación de Under water. El público juega su juego: la sala consigue seguir un mismo ritmo, como una batería humana gigantesca. Las parejitas dejan de acurrucarse; algunos saltan, hacen los coros, bailan. Lo mismo pasa después con el siguiente tema: Belong.

“Next song is called High and low”, anuncia poco después. Una chica de la primera fila se pone a gritar de la emoción. Sin sorprenderse mucho, Joshua la hace subir al escenario con su novio para que canten los coros. Los dos están entusiasmados; el público continúa picando de manos y cantando con ellos. Todo el mundo se ríe cuando la parejita se apodera de un micrófono y canta con todo su entusiasmo. Ambos se despiden de Joshua con un abrazo al final de la canción y antes de bajar del escenario, el chico libera toda su adrenalina con un grito al más puro estilo rockero.

Para calmar un poco los ánimos, el cantautor se vuelve a adentrar en aguas tranquilas con I’d rather be with you, My my love y What if, tres baladas folk más románticas, antes de despedirse del público con una canción de amor positivista: Brand new day. Pero el público no parece contento. Falta Winter. Llevan todo el concierto reclamándola y Joshua no se puede ir sin tocarla. Le aclaman, le piden más. Cuando vuelve a aparecer en escena, no puede hacer otra cosa que cantarla. En contrapartida, le pide al público si conoce algún bar al que puedan ir a tomar una cerveza después del concierto. Le recomiendan el Dublins. “Okay, so we are all going to have a drink together after?”, pregunta aparentemente sin bromear. Joshua se despide entonces del escenario y del público con un homenaje a uno de sus cantantes favoritos, Tom Petty. Le acompañan su telonero, Cary Brothers, y Brandon, su segundo guitarrista. Los tres acaban cantando sin micro, mientras el público vibra, pica y aplaude como en Under water. Son las diez y media de la noche de un domingo en pleno noviembre, pero nadie parece estar aletargado. Quién dijo que el folk tenía que ser soporífero estaba equivocado.

Joshua Radin, Bikini

Joshua Radin

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Joshua Radin

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Joshua Radin

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