Julien Baker, La [2]

Julien Baker

Julien Baker: Amor. Dulce pero intenso

Texto: Anna Martín
Foto: Sergi Moro

Las puertas que dan a La [2] de Apolo, Barcelona, no emiten ningún sonido cuando nos disponemos a entrar. Una vez dentro, silencio absoluto interrumpido por la voz de un chico que canta iluminado por los focos; solo en el escenario con una guitarra, un sintetizador y dos micrófonos con los que hará malabares. Es como si hubiéramos irrumpido en la escena romántica de una película americana… que durará todo el concierto. Porque él sólo es el comienzo que dará paso a la cantante estadounidense Julien Baker.

A pesar de ser el telonero del concierto, a pesar de no ser especialmente conocido, la gente calla para escuchar. Y contempla al madrileño St Woods entonando en inglés canciones de estilo alternativo, pausado, melancólico. Ya no son sólo sus canciones, sino cómo las canta, con una voz que recuerda – y aquí no todos estarán de acuerdo – a la de cantantes como Ed Sheeran o Alt-J. De hecho, versiona una canción de este último, Breezeblocks, además de presentar piezas de su primer EP Lessons (Está Pasando, 2017) como My side o Riddles. Al público le gusta. Aunque a quien esperan cada vez más impacientes es a Julien Baker. Ambos se conocieron hará dos años en un Primavera Sound, explica el cantante con mucho humor, consiguiendo carcajadas en más de una ocasión. Y ella pensó en él. “Gracias a esta oportunidad puedo estar ahora enseñando mi música”, dedica unas palabras de agradecimiento a la cantante. Cuando abandona el escenario y al poco tiempo aparece ella… entonces sí que los gritos y aplausos se comen el silencio.

Julien Baker o el amor a primera vista

Y allí está ella. Julien Baker, cantante de Memphis que viene a presentar su último trabajo Turn out the lights (Matador, 2017). De apariencia aniñada, sencilla, luciendo una camiseta del FC Barcelona. Aparece también sola, con una guitarra y el sintetizador en los pies. El público se amontona. Todos quieren estar cerca. Comienzan a sonar las primeras notas de Appointments, una de las canciones nuevas. Una melodía tranquila, como lo será todo el concierto. Hay un momento de exaltación pero todos se muerden la lengua rápido. De nuevo, ni un ruido. Uno no puede entenderlo si no está presente, si no la escucha en directo. Su voz es dulce, suave, cálida. Baker cierra los ojos mientras deja salir ese sonido precioso por la boca que tiene a todos y cada uno de los asistentes atrapado. Aquella atmósfera de ficción se mantiene.

Continúa con Funeral pyre, canción de este año que sin embargo no figura en ningún álbum, ya que sólo la canta en directo o en sesiones. También recupera canciones como Sprained ankle, de su homónimo álbum anterior. El público se emociona en reconocerla. Móviles se alzan en un intento frustrado de captar el momento. Es una canción fugaz, corta. Como una caricia o un beso espontáneo. Como un cruce de miradas. Sólo los aplausos y silbidos entre canción y canción nos devuelven a la realidad. “Gracias por venir a pasar un buen rato conmigo”, dice. La cantante dedica unas palabras al público casi susurrando a pesar de tener un micrófono delante, y recuerda también cómo conoció a St Woods.

Hay más canciones de su primer trabajo. Piezas que esta vez encogen. Que despiertan un sentimiento nostálgico que traslada a otra parte. Sin acabar de hacerlo, porque su voz mantiene atrapado a todo aquél que está presente. Como Everybody does: «You are gonna run when you know who I am. You are gonna run, it’s alright, everybody does…». Y en especial Rejoice, con mucho significado para la artista. En la que se refiere a Dios, pero también y en especial a aquellos amigos que por un motivo u otro se han ido lejos. Es el momento más intenso, en el que la artista transmite un sentimiento muy personal. Y con una expresividad que pone los pelos de punta.

Con Happy to be here está a punto de terminar el encuentro. No sin antes cantar la canción que lleva el nombre del nuevo álbum. Una luz verde ilumina a Baker cuando empieza a tocar las primeras notas de Turn out the lights. Calma y después explosión de sonido. La cantante estadounidense lo da todo con la guitarra y con su voz, desprendiendo una fuerza que parece detener el tiempo. Como si sólo ella funcionara en esa sala de conciertos. Con el público todavía extasiado, Baker anuncia su última canción. Se escucha algún lamento, aunque rápidamente se emocionan cuando suena Something (Sprained Ankle, 2016). Tierna, sensible, evocadora. Es la sonrisa de aquel alguien. Ese sentimiento contenido. O el dolor. Aquella herida que revive cuando uno cierra los ojos. Las canciones de Julien Baker son canciones de amor. En todas sus fases. De todos los tipos. En un sentido más profundo.

Los aplausos, maximizados, marcan el final del concierto. Julien Baker desaparece discretamente. Y en pocos segundos el bullicio de la gente al salir rompe el silencio que ha imperado desde el principio y, con él, el escenario ficticio, casi onírico, en el que ha tenido lugar el concierto.

Julien Baker, La [2]

Julien Baker

Julien Baker, La [2]

Julien Baker

Julien Baker, La [2]

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Julien Baker, La [2]

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