Lorde

Lorde

Lorde, ¿tienes calorde?

Texto: Paula Pérez
Foto: Mircius Aecrim

Los moños al estilo Miley Cyrus en aquella bola eran tendencia ayer en el concierto de Lorde en el Sant Jordi Club de Barcelona. Y los gritos muy agudos. También había muchos extranjeros teens que al parecer me veían muy fan de hacerles fotos flasheadas con sus iPhone 7 Plus llenos de horrendas pegatinas. Sacrilegio, profanación, apostasía. Old WordReference never die.

El estadounidense Khalid abría el show con una camiseta del Barça y mucha afición desde la pista. Será porque se llevó el galardón de Artista Revelación en los últimos MTV Video Music Awards, porque Billboard y LOS40 no dejan de recomendarlo o porque su debut, American teen (RCA Records, 2017) es una de las sensaciones en este año que ya se está acabando gracias a sus influencias soul y funk mezcladas con el pop más milenial. En ciertos temas, como su hit Location (casi 150 millones de reproducciones) o 8TEEN, recordaban a Glass Animals.

Hubo un tema durante su actuación en el que todos se volvieron locos. Supuse que sería Location, pero por si acaso pregunté a la persona más motivada cantando la canción si me podía decir cómo se llamaba. “Ni idea jaja”. Repetí el proceso con la segunda más motivada y así hasta cinco. Nada. Este es el rollo milenial. Te suena esa canción porque la has escuchado algunas veces en Spotify y ahora piensas que habla de tu vida y es más que tu estado de ánimo actual se refleja en ella y entonces la vives muy intensamente porque vives todo muy intensamente aunque en realidad podrías confundir el artista con el disco y te quedarías tan contenta. Lo sé porque yo una vez les dije a mis amigos que Total Life Forever era el mejor grupo del mundo. Total, que al final sí que era Location. Pasó lo mismo (o incluso con más ímpetu y energía) con la siguiente, que por cierto era Young dumb & broke, pero aquí ya pasé de preguntar. Khalid se fue.

Después de una pausa excesivamente larga en la que me entretuve escuchando a una hija y un padre tope británicos mientras discutían sobre los buenos barra malos productos culturales que se consumen actualmente, Lorde salió al escenario al fin. Uf, realmente espero que fueran padre/hija porque hubiera sido muy turbio si no. Nunca lo sabremos. Lorde tocó con los últimos integrantes de Nirvana sustituyendo la voz de Kurt Cobain – si eso es posible – en el tema All apologies. Suena viejo, pero en realidad ocurrió en 2014. Y mucho más atrás no nos podemos ir porque, amigos, Lorde tiene 20 años. Pero volvamos al momento pausa, que estaba muy interesante. A mi lado tenía una panda de locais que estaban muy animados:

– ¿Tienes calor?

– ¿Calorde? Jaja perdón.

Otras cosas que dijeron aparte de llamar Lourdes a Lorde:

Conversación 1

– Es una digna sucesora de Lady Gaga.

– Dirás de Madonna.

– ¿Pero esa ya está muerta no?

Conversación 2:

– Ay, parece que está ahí en las butacas esas.

– ¡Sí! ¡Seguro que está ahí sentada viendo su propio concierto!

Conversación 3

– Es un concierto, ¡no es un desfile militar esto! ¡Tenemos que movernos!

– No, mira chata, eso no quita que me hayas pisado con tus patas de elefanta.

Conversación 4

– Tus propios errores los conviertes en ira, conviértelos en aprendizaje, HIJA DE PUTA.

Aquí me echaron media birra encima. Y finalizaron con “oye, que demos más la nota que Lorde es muy fuerte eh” y un “¡visca Barcelona!” Como decía, Lorde al fin salió. Con unos neones que dibujaban la silueta de un astronauta y las letras de Melodrama (Universal, 2017), su último disco. Ella Marija Lani Yelich-O’Connor, así se llama en realidad, es una neozelandesa que a los 12 años firmó con Universal. Ocho años después abre con Homemade dynamite en el Sant Jordi y enciende la llama del público. Una llama que, aunque el concierto fuera lineal – exceptuando un hype final –, la supo mantener encendida durante las dos horas que duró el show.

La ganadora de dos premios Grammy (entre ellos, el codiciado galardón de Álbum del Año), danzaba además como una bailarina de la compañía de Sant Petersburgo a ratos y como Rocky en la batalla final a otros. Por lo que si unimos una gran voz, unas entretenidas coreografías, una puesta en escena llena de interludios, un xilófono muy apañado, una pantalla que simulaba ser una televisión antigua con imágenes de Dirty Dancing o Casablanca y mil cosas más, nos da un cóctel muy Kir Royal para esta noche de lunes.

Quitaron el astronauta de neón y pusieron árboles de neón. También se cambió de vestido y de negro pasó a un rosa que la infantilizaba, quizá porque un tema de este repertorio rosado era una canción que escribió a los 16. Cogió un girasol gigantesco y cantó A world alone para luego sentarse a dar un discurso existencialista que la gente aplaudía histérica. La segunda cover de la noche (la primera fue Magnets, de Disclosure) llegó con Somebody else (The 1975). Y tercer cambio: las flores desaparecieron, la delicadeza desapareció. Ahora había una estrella fugaz y Lorde salió al escenario con un traje de fiesta.

Para mi el concierto empezó aquí, el resto había sido una introducción gigante. Con Supercut los ánimos fueron subiendo, preparándose para la más esperada de la noche, Royals, tema que los asistentes comenzaron a cantar desde la primera nota. Perfect places hizo de puente perfecto con Team, en la que bajó al escenario. Algunas y algunos casi se desmayan. Para la última pidió que cantáramos con todo el ímpetu y amor que teníamos. Así lo hicimos. Lorde se despidió con una gran fiesta adornada con serpentinas en forma de estrella mientras todos saltábamos al unísono con Green light. Muchos asistentes salieron pero Lorde volvió al escenario y ellos volvieron al Sant Jordi Club. Interpretó la breve Loveless a modo de bis, muy apropiada porque supone un canto a su generación. Ahora sí que sí. Bajamos de esta colina.

Por causas ajenas a Qualsevol Nit, no hemos podido acceder al recinto con un/una fotógrafo/a del equipo y las fotografías han sido cedidas por Doctor Music.

© Mircius Aecrim 1

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© Mircius Aecrim 3

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© Mircius Aecrim 2

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