Nudozurdo

Nudozurdo + Barbott

Nudozurdo: De miradas y colores

Texto: Pepa Fontal
Foto:  Sergi Moro

La noche del sábado 1 de abril cubierta de nubes grises. La Sala Salamandra bañada por luces verdes. En la entrada, el cartel lila del Let’s Festival. Rojo es peligro. Y blanco es Voyeur amateur (Mushroom Pilow, 2017), el quinto disco de Nudozurdo, y el motivo por el que muchos hemos movido el culo más allá de las fronteras de Barcelona.

A las nueve y media, con una puntualidad casi británica, se inaugura la duodécima sesión del festival con el concierto de Barbott. El quintento catalán se presentan y presentan su último disco, Curves (La Cupula Music, 2016). Guillem Sala a la cabeza ejecuta unos tímidos bailecillos de espaldas. Quizás, al darse la vuelta para el siguiente tema, le sorprenda no ver la sala llena -no se preocupen, pasará- pero su madre, dice, si está presente y le dedica -evidentemente- Mother.

Juega con el micro hasta que recupera la guitarra para Pyongyang que, aunque no mantiene los agudos del disco, si conserva el aire de blues, que contrasta con la melodía luminosa y pegadiza de Spaceship. La actuación se cierra con Cream, single del disco, un poco desentonada pero pop y muy bailable.

Tras el cambio de backline, los cigarros y las cervezas en la barra llegan ellos, Nudozurdo. Bondage belcanto es el punto de salida. La larga intro instrumental nos hace esperar para escuchar la voz lastimera y aguda de Leo Mateos que tan bien combina con las letras oscuras que impregnan sus canciones. La estela blanca continúa con Estás tan perdida y se vuelve más oscura con Dentro de él (Nudozurdo, 2002) uno de esos temas en los que, como en El hijo de Dios, la voz es más hablada que cantada y la batería de Ricky Lavado -ex Standstill- y el bajo de Alberto Jiménez “Meta” suenan con más potencia.

La mirada de Mateos se clava en algún punto al fondo de la sala. Luego la recorre, viendo las manos que se elevan con Mil espejos y el púbico que grita a coro “donde queríamos estar, estamos” y sigue hasta la afonía con Ha sido divertido; dos temas del Sintetica (Everlasting Records, 2008) que, con el paso de los años, se han ido transformando en himnos. Y otro que alcanzará la misma categoría es Voyeur amateur, rockera, potente y crítica con el panorama musical y social.

Ursula hay nieve en casa recuerda por momentos al Set the twilight reeling de Lou Reed y obliga a ponerse introspectivo, a mirar hacia adentro y a disfrutar de un sonido más puro, sin los sintetizadores que marcaron Rojo es peligro. Pero no se relajen, Prometo hacerte daño y el reverb que se apodera de la sala mientras ellos se van son solo un punto y seguido. La psicodélica La ruta de los Balcanes y Dosis modernas se funden para cerrar el círculo. Ahora sí, las luces blancas se encienden y es hora de volver al negro de la noche.

Barbott

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