India Martínez En El Palau De La Música De Barcelona

India Martínez

India Martínez: 90 intensos minutos

Texto: Anna Martín
Foto: Oliver Adell

Son las 8 y media de la tarde. Sábado. Delante del Palau de la Música, una de las obras arquitectónicas más bellas y emblemáticas de Barcelona, se han acumulado muchas personas. La mayoría van entrando en el edificio, otras fuman, y las demás sencillamente prefieren esperar fuera. Amigos se reúnen, exaltados. Parejas adultas y no tan adultas llegan caminando tranquilamente… Hay personas de todas las edades y grupos muy diferentes entre sí. Pero todos tienen algo en común: adoran la voz y las canciones de la mujer que dará el concierto esta noche. La cantante de pop-flamenco India Martínez. “Hace unos duetos preciosos…” me comenta una mujer de mediana edad acompañada por su marido. El concierto de la cordobesa forma parte del Tour secreto, en el que presenta su último álbum – que fue Disco de Oro – sacado el año pasado Te cuento un secreto (Sony Music, 2016) en más de 15 ciudades de España.

Cuando falta poco para el concierto, los fans comienzan a entrar de golpe y se mezclan con los turistas que hay en el recibidor haciendo fotos a la obra modernista de Lluís Domènech i Montaner. Formas orgánicas que intentan imitar la naturaleza, líneas ondulantes, motivos florales. Una obra que culmina con la sala auditorio, que comienza a llenarse. Las entradas están agotadas. Los asistentes comienzan a ocupar todos y cada uno de los sitios todavía vacíos. Son las 9 – hora del concierto – pero no deja de entrar gente por la puerta de acceso. Los palcos también se están llenando. Hasta hay personas justo arriba del escenario e incluso detrás, a ambos lados del gigantesco órgano que preside, aunque algo escondido, el espacio.

Si os quedáis os cuento un secreto

Pasan entre diez y veinte minutos de la hora preestablecida. Está todo absolutamente lleno. Se apagan las luces y la gente enloquece, coreando su nombre. De cerca se puede apreciar cómo los músicos se van colocando en sus puestos. Bajo, guitarra eléctrica, acústica, batería, percusión y el director musical (al piano). Varias pantallas situadas en el escenario se iluminan, mostrando su nombre. India Martínez. Comienza una intro musical. Gritos que no pueden contener la emoción acompañan la melodía. Y aparece ella rodeada de luces de colores, arrancando el concierto con una de sus canciones más pop de su nueva obra: La última vez. El público ha callado para escucharla. No podría haber escogido mejor el primer atuendo: un vestido rosa pálido-pastel acharolado, corto y sin mangas, con unos botines de tacón a conjunto y una especie de tela rosa vaporosa a modo de cola que alarga el vestido, con plumas pequeñas agrupadas en diferentes puntos, como si de flores con pétalos rosados se trataran. Se mueve por el escenario con una gracia única, entonando la canción con aquella voz sin ningún fallo. Es una diva acompañada de las 18 musas creadas en conjunto por Eusebi Arnau, Mario Margaliano y Lluís Bru.

“¡Qué bonito!”, exclama alguien entre el público cuando acaba la canción, entre aplausos que se repetirán a cada pausa. La cantante continúa con Ángel, una pieza intensa como lo fue su videoclip en el que no dudó en saltar de un avión y descender en paracaídas. “Pero no me hace falta tirarme en paracaídas para sentir esa sensación de adrenalina y emoción”, refiriéndose al momento que está viviendo. Los asistentes responden aplaudiendo y vuelven a quedarse sin voz frente a su ídolo. “Si os quedáis os cuento un secreto”, susurra. Y comienza Te cuento un secreto, seguida de Si te quiero. Y poco a poco el clima se vuelve más íntimo y cercano, gracias también al espacio donde transcurre esta obra de arte en vivo, que integra en un todo escenario y público. Y a las miradas dulces que India dirige a todo el público, también al de los palcos superiores, donde muchos se han puesto de pie para poderla ver mejor. Y se quedarán de pie a lo largo de todo el concierto.

Corazones desechos ante una voz prodigiosa

Desaparece un momento y vuelve sin aquella cola larga. El vestido queda al descubierto. Se sienta en una silla acompañada de gritos espontáneos que continúan alabándola. Una diva, sí. “Olé tú!”. Agarra la guitarra y, sentada, comienza a hablar del instrumento que sostiene. “Ella es la culpable de todo. Fue la primera que me provocó para que escribiera canciones… para un niño que me gustaba”. Las risas estallan y explica el anécdota. Fue importante. “Sirvió para darme cuenta que con la música podía expresar mis sentimientos”. Y canta Corazón Ambriento (Dual, 2014) junto con Abel Pintos y Sólo tú (Trece verdades, 2011). Con los giros y el quejido que caracterizan su manera de cantar. Percibidos incluso en las canciones más pop. Con la expresión contraída por el sentimiento, apasionada. Hay gente en el público que mueve los labios, siguiendo la canción pero sin atreverse a cantar. Otros mueven la cabeza de un lado a otro. Hay quien llora. Amor, eso son sus canciones y de eso hablan la mayoría. Con distintos enfoques, pero amor.

Vuelve a retirarse después de 20 vidas y de la versión de Gloria Estefan de Hoy (Otras verdades, 2012). Y la guitarra acústica, iluminada con un foco azul eléctrico, tenue, comienza un solo. Y es al cabo de unos minutos cuando, en la penumbra, se vuelve a escuchar su voz. Una de las imprescindibles: Vencer al amor (Trece verdades, 2011). Aparece en escena vestida de negro con unos pantalones de cuero. Qué emoción. E invita al público a cantar el estribillo, que lo corea unánime. El público se levanta y aplaude sin parar cuando acaba. “Te queremos!”.

Emoción y frenetismo, respiración olvidada durante 90 minutos

Antes de cantar Todo no es casualidad (Te cuento un secreto, 2016) dirige un mensaje a todos. “La diversidad es bonita. A veces uno no acepta lo que es. La sociedad nos empuja un poco a ocultar las diferencias, por eso os invito a que os miréis en el espejo”. Han traído un enorme marco y aparece una nueva persona en el escenario. Vestida igual, se sitúa al otro lado del espejo y, mientras India entona la canción, ambas se mueven a la par, como si la otra joven fuera su reflejo. Su hermana pequeña, Laura Martínez.

Previamente a los bises, entre otras, entona Olvidé respirar (también de su disco de dúos con David Bisbal). Otra canción que perpetua la sensación de pelos de punta. Cuando se retira, toda la sala la reclama de nuevo. Regresa con Aguasanta. Y después con 90 minutos… El público canta el melódico estribillo, invitados de nuevo por ella, con una harmonía que sacude a la cantante y nos sacude a todos. El cúmulo de sentimientos estalla con El Jardín, la más flamenca de todas. Sin música. Sólo acompañada de los “Olé!” entre pausa y pausa. Se aleja el micrófono y, gracias a una sala con una sonoridad increíble, se escucha desde todos los rincones. Una canción de amor, esta vez a España. La ovación era de esperar. Minutos de aplausos frenéticos ininterrumpidos al final. Todo el mundo de pie. India se emociona y se asoma alguna lágrima.

Los gatos no ladran (Camino de la Buena Suerte, 2013) pone fin a un encuentro intenso. Muy intenso. Anuncia antes del último bis que quizás regrese al Palau Sant Jordi al final de la gira. Salen todos los músicos y la diva de colas vaporosas y voz perfecta apela a su hermana, cumpleañera. Los incondicionales, que lo saben, cantan la clásica canción, esta vez ni pop ni flamenco, y el staff le trae un pastel. Una velada en familia, íntima, en uno de los espacios más singulares y bellos de Barcelona.

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona

India Martínez

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona

India Martínez

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona

India Martínez

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona

India Martínez

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona

India Martínez

India Martínez en el Palau de la Música de Barcelona

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