Concierto De Corizonas En Apolo 2

Corizonas

Corizonas:
Un mundo propio entre el country y el rock

Texto: Nieves Rodeiro
Foto: Charlie Pérez

Esta noche de viernes fue una noche diferente. Vaya viaje nos pegamos. Podría decirse que La [2] de Apolo se quedó vacía. El público esperaba allí hipnotizado, miraba hacia el escenario deseando escuchar los acordes del renovado grupo Corizonas.

Pocos minutos después de las nueve, los seis místicos aparecieron en escena. Algo raro estaba pasando. Los sonidos que venían del escenario nos indicaban que una especie de astronave se estaba encendiendo. Eran Javier Vielba (voz), Javier Vacas (bajo), Fernando Pardo (guitarra), Roberto Lozano (batería), David Krahe (guitarra) y Rubén Marrón (guitarra), acompañados a ratos por Yevhen Riechkalov (trompeta). Y tenían preparada una gran sorpresa para nosotros. Definitivamente, estaban dispuestos a llevarnos lejos, muy lejos de Apolo y del Festival Mil·lenni. Pero nadie nos había anunciado dónde y todos parecíamos nerviosos.

Entonces, una melodía introductoria sonó y, mientras, esos tipos que acababa de conocer hace escasos segundos se apresuraban a llevarnos hacia el interior de la mega nave espacial. Un, dos tres y… ¡el viaje daba comienzo! Corizonas nos había llevado justo a donde querían: su Nueva dimensión vital. Habíamos llegado en cuestión de segundos y, ahora sí, los acordes fluían. Esa maldita canción sonaba -todavía la tengo en la cabeza- y nosotros no podíamos dejar de mover las piernas.

Escucho ruido de fondo, espero nada y todo.
En un mundo irreal, nueva dimensión vital.
Como un cerdo en el lodo, existo y pienso poco.

Maldita sea, estábamos en su mundo ideal. Y, lo mejor, es que ahora también era el nuestro. El de zapas verdes que tenía justo a mi lado movía su cuerpo de delante a atrás una y otra vez, sonreía como agradeciendo a los místicos la experiencia. Y un hombre con la melena bien larga, muy al estilo de Fernando Pardo, había sacado el móvil para no dejar de grabar ni un solo rincón de la dimensión. Quería ser la envidia de sus colegas al volver de Apolo y enseñarles el vídeo.

“Bienvenidos amigos. Hacía mucho que no veíamos a Barcelona, al menos como Corizonas. Lo echábamos de menos”, gritó Vielba. Yo no entendí porqué decía Barcelona, si hacía minutos que ya no estábamos allí. Pero a Corizonas le daba igual mis reflexiones internas. A ellos lo que les importaba era dejarnos en shock ante tanta sorpresa musical. Vielba pilló su sonaja y nos apuntó a todos moviéndola como diciéndonos: “esto solo acaba de empezar”. Así que siguieron con La Cuerda. Porque en su nuevo disco el grupo se atreve a reflexionar en alto, y en español. “¡Queremos que bailen hasta las paredes!” Y es que, para ellos, Las paredes bailan. Claro, nosotros no íbamos a ser menos. Así que como si fuéramos paredes, sin movernos del sitio, empezamos a mover nuestro tronco de delante a atrás, de izquierda a derecha.

Y ya con una cuantas canciones encima aprovecharon que estábamos lejos de la urbe para confesarnos cómo se conocieron. “Coincidíamos en los festivales indies. Siempre estábamos en el último y penúltimo camerino y nos cruzábamos”. Y es que Corizonas no siempre fue uno, sino dos, Arizona Baby y Los Coronas, de ahí su nombre actual. Los primeros rendían tributo al country y los segundos hacían mover el esqueleto con rock. Primero iniciaron una súper gira dándose a conocer como Dos bandas y un destino, pero en 2011 decidieron alzarse como lo que son hoy: Corizonas. The news today (Subterfuge Records, 2011) supuso la consolidación de su música, que más que quedarse en un estilo concreto, baila -como a ellos les gusta- desde el country al más puro rock. Y ahora, desde hace cuestión de un año, hacen vibrar con su Nueva dimensión vital (Subterfuge Records, 2016), un álbum producido por el propio Javier Vielba. Para rematar la confesión nos espetan que lo que verdaderamente hizo surgir el amor fue una camiseta de Black Sabbath. Así que, sin más dilación, el cantante grita: “¡Hagamos que Black Sabbath baile!” Y empiezan con su particular versión de Supernaut. Loza (el batería) se luce y Vielba lo ayuda a aporrear la batería. “Esto roza la exhibición”, dice un Fernando Pardo celoso.

Luces azules hay en todas partes eh”, Fernando Pardo no para de liderar el discurso. Tiene al público en sus manos. “Vivir sin temor, sin dar gracias a dios, si no hay permiso bueno es el perdón. Mirar el reloj, sentir un temblor, se desmorona tu mundo exterior.” En la nueva dimensión no paran de darnos lecciones de vida. Yo quiero ser yo, repiten una y otra vez. “Tengo que ser el mejor, yo quiero ser yo.”

Hey, hey, hey “¿cómo se hace ruido humano?”, preguntan. La dimensión tiembla de tantos aullidos que salen del público. Los Corizonas no dejan de pedírnoslo, que nos hagamos sentir. Que el ruido se escuche en Barcelona. Porque, en realidad, “somos adictos al ruido que hace la gente cuando se junta. Hacemos esto para escucharos a vosotros”, sentencian. Pero entonces nos sorprenden con un Wish you were here muy vaquero. Porque, aunque Pink Floyd no lo sabía, en el fondo de sus canciones se escondía el espíritu del country de los Arizona Baby. No paran de llevarnos en la nave de un estilo a otro. Hasta que vemos a los Místicos en éxtasis dándolo todo sin parar de moverse y vibrar. “Barcelona es especial. Nos bendijo. Hacía mucho que no veníamos y la echábamos de menos”. Los místicos se estaban poniendo tiernos. Y la gente con ellos. “¡Palmas!” y hacían palmas. “¡Gritad!” y gritaban. Eran los líderes de su mundo ideal.

Se hacía tarde y teníamos que regresar a la gran ciudad. En el camino, nos dijeron que Vivir y no pensar era lo mejor. Ni en el pasado ni en lo que estaba por llegar. Pero, nosotros no podíamos dejar de pensar que el viaje estaba a punto de terminar. Entre medias, nos dejaron escuchar un Trabalenguas, Run to the woods, Pushin’ too hard o I wanna believe. Porque quieren creer que sus canciones quedan en buenas manos. “Nosotros las hacemos, pero sin vosotros se quedarían huérfanas”. Y, cuando ya había dejado de sonar la última melodía de Believe, nos despertamos en La [2] del Apolo intentando convencernos que nada de lo que vivimos ahí esa noche fue una ilusión. Al menos, siempre nos quedaría pedirle al hombre de la melena larga el vídeo. Y repetirlo en bucle mientras intentamos asimilar que Barcelona está ahí fuera y nos espera para más noches de viajes.

Empezamos a salir de la sala. Corizonas y sus fieles se despedían unos a otros sin parar, como quién no sabe cuándo será la próxima vez. Alzando sus brazos y entonando un eterno Todo va bien que termina, de nuevo, en Nueva dimensión vital. Se van. Y antes de irnos nos recuerdan que el viaje no hace más que empezar. “El fin es el principio. Poneros cómodos, porque esto es vuestro.”

Concierto de Corizonas en Apolo 2

Corizonas

Concierto de Corizonas en Apolo 2

Corizonas

Concierto de Corizonas en Apolo 2

Corizonas

Concierto de Corizonas en Apolo 2

Corizonas

Concierto de Corizonas en Apolo 2

Corizonas

Concierto de Corizonas en Apolo 2

Corizonas

Concierto de Corizonas en Apolo 2

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