Guillermo McGill 5tet

Guillermo McGill

El jazz, efectivamente, viene del Sur

Texto: Martí Farré
Foto: Dani Alvarez

El baterista Guillermo McGill es el vivo ejemplo de lo que, en términos jazzísticos, podríamos entender por “mestizaje”, empezando por su propia condición de “baterista flamenco” de origen uruguayo y afincado en Madrid. Es un músico con tendencia a hermanar el jazz con músicas del Sur —de América Latina y del universo flamenco—. No en vano, el jazz se inventó en la muy sureña ciudad de Nueva Orleans. Viene del sur, como el nombre de un ciclo en el que participó de forma activa McGill.

Baterista y también cajonista con escobillas, Guillermo McGill se dio a conocer como integrante del grupo de Chano Domínguez. Creó escuela. Pero, además de formar parte de uno de los tríos más populares de la historia reciente del jazz español, el músico de Montevideo atesora una carrera en solitario con discos casi conceptuales, a la contra de muchos tópicos atribuidos injustamente a los que tocan el instrumento jazzístico por antonomasia. Dave Liebman, entre otros, ha aceptado formar parte de alguna de las formaciones macgillianas.

Es hora de caminar (Youkali) es el título de su último trabajo: ¿una invitación, tal vez, a salir a la calle, en tiempos que invitan a la rebeldía? ¿Un homenaje a aquellos que abrieron la senda por la que discurren, imparables, las músicas libres? ¿Las dos cosas? Quién sabe. Lo cierto es que McGill reunió en el Jamboree a un elenco de campanillas, de diversas generaciones y procedencias: del jazz más contemporáneo al toque flamenco y a la impronta latina; de la juventud del pianista Marco Mezquida a la, digamos, veteranía del gran contrabajista Javier Colina, pasando por la magia del tocaor Juan Diego Mateos y el ímpetu del saxofonista cubano Ariel Brínguez.

Arrancó el pase con una larga introducción que precedió al tema que da nombre el CD. “La hora de caminar” es una pieza larga, sustentada bajo un compás cadencioso, ideal para el lucimiento de los intérpretes: Colina, Mezquida y el propio McGill calentaron el inicio del concierto con solos de tronío. Era la antesala de una noche en la prevaleció el contraste rítmico, climático e, incluso, tímbrico. Sobre todo, destacó el carácter arrollador del quinteto, tanto en las piezas más intensas como en las baladas más suaves.

En beneficio del ritmo de la sesión —el de la música era más que evidente—, el baterista uruguayo apenas se dirigió una vez al público. Hubo ritmo y también sorpresa: hacía las postrimerías del concierto, y cómo si se tratara de una aparición súbita, subió al escenario Olvido Lanza para tocar el violín en “Olha María”, pieza de Jobim interpretada en homenaje al siempre añorado Bernardo Sassetti. Fue el contrapunto de una sesión en la que, además del savoir faire de los grandes Mezquida y Colina, cabe resaltar el toque incisivo de Ariel Bríngez, tanto en el saxo soprano como en el tenor. El músico cubano se atrevió incluso a coltranear en la introducción de una pieza.

“¡Échale carbón!,” gritó un parroquiano entre tema y tema. Para emular el swing, el verdadero swing, la energía de una banda como la que tocó en el Jamboree el sábado 11 de febrero, haría falta una mina entera.

Guillermo McGill 5tet

Guillermo McGill

Guillermo McGill 5tet

Guillermo McGill 5tet

Guillermo McGill 5tet

Ariel Brínguez

Guillermo McGill 5tet

Juan Diego Mateos

Guillermo McGill 5tet

Guillermo McGill

Guillermo McGill 5tet

Marco Mezquida

Guillermo McGill 5tet

Javier Colina

Guillermo McGill 5tet

Marco Mezquida