Liquid Trio

Liquid Trio

Música de la sorpresa para Marianne

Text: Martí Farre
Foto: Dani Alvarez

Marianne Brull es una de las personalidades más singulares del paisanaje musical de Barcelona. Viuda de José Martínez Guerricabeitia, fundador y alma mater de Ruedo Ibérico, conoció a Agustí Fernández a finales del siglo pasado en un homenaje a Buenaventura Durruti. Se presentaba entonces un disco dedicado al héroe y mártir del anarquismo ibérico, al mito de la revolución social española que llegó a tener una calle dedicada en Barcelona —nada más y nada menos que la actual Via Laietana. Sin ánimo de asociar a Durruti con Fernández —todas las comparaciones son odiosas, dicen—, la música que, con perdón, abandera el músico mallorquín es tal vez la proyección más genuina del pensamiento libertario. En términos musicales, no hay nada que se asemeje más a la revolución libertaria que una composición instantánea, sin ataduras de ningún género, espontánea, incisiva e, incluso, lacerante para determinados oídos. Es la auténtica música de la sorpresa.

Marianne Brull, la amiga de Agustí, no se conformó con conocer la obra del funambulista Fernández, sino también la de una nueva generación de improvisadores en la ciudad de los prodigios, formada en las catacumbas del free condal y apadrinada por el maestro Agustí. No es extraño, pues, ver a Marianne en las impros del Robadors 23 o en los aquelarres discordianos —de los artistas del sello Discordian—, en el Soda. Es una de las aficionadas más asiduas a sesiones a las que apenas van unas pocas decenas de espectadores. Marianne tampoco faltó a la cita del Jamboree, que coincidía con la presentación del segundo disco del Agustí Fernández Liquid Trio: Marianne (Vector Sounds).

Ritmo y forma

“La música del Liquid Trio tiene ritmo y forma.” El comentario es del propio Agustí Fernández a quien suscribe estas lineas. Ritmo y forma quizás sí, pero a partir de un recorrido sin rumbo, de una carrera de fondo a la búsqueda, tal vez, de una forma y de un ritmo espontáneos. Si hubo algún amago de resolución, fue a través del contraste mágico, casi inesperado, entre el susurro y una potencia sonora que no la conseguiría ni el músico más decibélico de todos. Cabe destacar que, a diferencia de un concierto anterior en el Teatre Lliure, El Liquid Trio sí ofreció esta vez alguna tregua en la particular ceremonia de transformación sonora.

El saxofonista Albert Cirera demostró ser el rey del golpe seco en forma de efecto técnico, un zarpazo sonoro que combinó con la ejecución de registros inéditos, de aullidos, tanto con el saxo tenor como con el soprano.

Tecleando en el aire, punteando sobre el teclado, sobre las cuerdas, modificando el timbre del piano, Agustí Fernández contribuyó al armazón sonoro de tintes casi lisérgicos con el que nos obsequió el trío líquido.

El tercer vértice del grupo, el baterista Ramon Prats, imaginativo y recursivo, llegó a emplear materiales percutores tan originales como el porexpan. Prats puso el broche de oro a la sesión con un arranque súbito que incluyó el lanzamiento sobre la batería de baquetas a modo de proyectiles.

Hace pocos meses, a una pregunta del radiofonista Carlos Pérez Cruz, Marianne Brull respondía lo siguiente: “Me entonan tres o cuatro medidas de una pieza musical y ya sé lo que es, lo cual es aburrido, no hay sorpresa.” En el Jamboree, salvo una minoría, nadie se aburrió.

Liquid Trio

Liquid Trio

Liquid Trio

Albert Cirera, Liquid Trio

Liquid Trio

Liquid Trio

Liquid Trio

Agustí Fernández, Liquid Trio

Liquid Trio

Ramon Prats, Liquid Trio