Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco: Una fábula circular

Text: Paula Pérez
Foto: Sergi Moro

El concierto de Enric Montefusco no empezó, como aquel que dice, hasta que no sonó en el Casino L’Aliança del Poblenou el tema, que más bien es una oda a la vida, de Todo para todos, el primer single oficial de Meridiana (Buena Suerte, 2016), su primer álbum en solitario después de que Standstill nos dijera adiós en una abarrotadísima Sala Apolo hace poco más de un año. La noche del 14 de diciembre presentaba el disco debut dentro del marco del Festival Mil·lenni, donde comparte cartel con otros artistas de la talla de Núria Graham (21 de diciembre) o Paco Ibáñez (28 de diciembre), concierto al que tuvimos la suerte de poder asistir. Esta crónica está pensada para los muy frikis y los mucho frikis de la banda barcelonesa Standstill y de su fundador, compositor y vocalista: Enric Montefusco.

Si a ti en cambio este grupo te dice nada o muy poco, también puedes leerla. Pero primero empieza por darle play al vídeo y escucharás la canción que da nombre al triple álbum Adelante Bonaparte (Una fábula circular), editado a través de su propio sello Buena Suerte, en 2010. Me aventuro a decir que este tema, Adelante Bonaparte (I), es la canción más popular que tienen (o tenían, lágrimas), compitiendo con ¿Por qué me llamas a estas horas? de Vivalaguerra (PIAS, 2006).

Adelante Montefusco (I): Algunos recuerdos significativos de M.

Standstill es – era – un grupo barcelonés de múltiples facetas. Empezaron en la escena hardcore en 1998 con el EP The Tide, y siguieron con The ionic spell, Memories collector y The latest kiss, en 2001, 2002 y 2003 respectivamente; los tres editados por Bcore. Este último, The latest kiss, fue una transición, un punto medio, entre ese punk en inglés que les caracterizó los primeros años y el pop en castellano que vino después. Un último beso, una despedida, para dar paso a Standstill (Bcore, 2004). Mientras tanto, además, iban haciendo y harían proyectos escénicos de diversa índole: espectáculos como A veces me siento tan cansado que hago estas cosas (2001), Desencuentros: Con miedo pero con hambre (2004) o Rooom (2010), o el largometraje Diez años y una zanahoria (2007). Esta parte más visual era uno de sus sellos de identidad y nunca la han abandonado, de hecho Enric se ha convertido este verano en director de teatro con Tata mala. Los tres últimos discos de la banda, donde además el segundo se divide en tres, son para mi su obra maestra. Son del 2006, 2010 y 2013 respectivamente y fueron autoeditados con su propio sello Buena Suerte.

  • Vivalaguerra.
  • Adelante Bonaparte (una fábula circular).
    • Algunos recuerdos significativos de B.
    • B. pasa de querer comerse el mundo a esconderse en una pequeña parcela.
    • El corazón de B. despierta.
  • Dentro de la luz.

Después de cantar Adiós, Meridiana y Todo para todos, nos explica Enric Montefusco que el Casino L’Aliança le pareció el lugar adecuado para hacer la presentación oficial del disco. “Me gusta estar en lugares como este, que acogen a gente interesante, y donde ocurren muchas cosas y muy diversas”, explica a un abarrotado teatro fundado en 1869 y desde 1929 en la Rambla de Ramón Turró, una de las calles con más vida de Barcelona; porque tan pronto se interpreta aquí un libreto de 500 años, como que unos niños hacen una actuación navideña, o una obra de teatro clásico, o un concierto como este. Y añade: “Otros sitios entienden lo que se ofrece desde el escenario de otra manera, no sé si sois conscientes, pero este no es un lugar para admirar a un artista venido de no sé dónde que mira al público desde lo alto, sino que aquí se entiende el espectáculo de otra manera, aquí ocurren muchas cosas, a las que me gustaría sumarme humildemente”. Si había algún despistado que todavía no amara irremediablemente a Montefusco, dudo que después de este discurso se mantuviera en sus trece. Además de las razones anteriores, el lugar fue una buena elección porque su envolvente acústica permitía disfrutar de los cambios de registro que suele hacer Enric, como en las frases “música muy alta del ‘96” o “ahora elige bien a tu princesa”, del tema Buenas noches.

– ¿Quién dio clases de flauta?

No levantaron muchas manos. “Hay gente entrada en años aquí eh” – bromea –, “nosotros sí que hemos tenido clases de flauta, aun así estamos aquí defendiendo el honor de la música. Intentándolo al menos”. Tocaron, evidentemente, Flauta man. Una crítica sutil a la educación: da tantas veces las gracias a este sistema tan mal planteado que acaba volviéndose loco hacia el final de la canción y adopta una voz de pitufo porque ya no es capaz de distinguir entre los agradecimientos políticamente correctos y los sinceros. Esta canción está en mi pódium particular y como las anteriores y las siguientes, era de Meridiana. Un álbum donde el artista se sumerge en su pasado como inspiración para crear un retrato de una realidad sociocultural de final de siglo que bien podría ser la de la mayoría de nosotros. A través de los violines, las palmas y el acordeón, que además de invocar una música más popular, nos traslada a nuestro propio barrio obrero de La Sagrera, donde se sitúa la Avenida Meridiana, pues Montefusco logra que el oyente se identifique con la mayoría de sus letras. Sobre todo con Meridiana y Uno de los nuestros, donde explora la grandeza de la cotidianidad de la clase trabajadora, y donde, ya sea a través de la ironía o de la desnudez de sus letras, quien más o quién menos empatiza con estas frases:


El primer rayo de sol
Pintaba de naranja
Un trozo de pared de un octavo frente a una ventana
Justo encima de unos trofeos de natación
Que había ganado en el pueblo en la fiesta mayor
Y eso era suficiente

El olor a café le llegaba hasta la cama
Se colaba entre brumas y sueños de grandes hazañas

[…]

Una voz grave se oía y no se entendía
En la cocina la radio le daba los buenos días
Pan tostado del día anterior
Y un vaso de zumo de tetrabrick
Y una cartera que espera que llegue la Universidad
Con un poco de suerte


Adelante Montefusco (II): M. pasa de querer comerse el mundo a esconderse en una pequeña parcela

Meridiana, su disco debut, son once temas escritos, grabados y producidos por él mismo, en el que está acompañado por excelentes músicos y es distribuido por Sony Music. Siguió el concierto con Vida plena, la de “Yo no sé hacer un soneto / Pero me cago en tu puta madre / Ay perdón”, la primera canción que escuché de su carrera en solitario. Reconozco que tuve que escucharla varias veces para que me gustara. Y es que este no es un disco fácil, es raro conectar de primeras con él. Pero luego, ay, quedas atrapado en esta avenida barcelonesa de recuerdos y crítica social. Es más difícil, sí, pero también más profundo y con más reflexión de lo que el pop nos tiene acostumbrados. Un disco de autor, pero con un compromiso ético y estético para con sus consumidores claro. En uno de sus muchos acercamientos al público, dice:

– ¿Se me oye bien? Cualquier duda o pregunta acústica, decidme. Estética también. Esta es mi nueva camisa. Estoy apostando por el cuello redondo, innovando, no sé.

Se oye bien, sí. El barcelonés hizo una apuesta por simplificar el sonido, ahorrándose la grandilocuencia y el rebuscamiento que a veces le sobraba a Standstill. La siguiente fue Uno de nosotros, donde salió el violinista de la izquierda y entró con una tuba. Enric le dedicó Lo poco que sé a una persona allí presente, para luego intercambiarse la guitarra con un músico de la banda. “Si cambio la guitarra es porque algo raro va a pasar”, comenta. Mirada atenta del público. Sonríe: “Puede que la conozcáis”.

“Romper un silencio así no tiene perdón”.

El público, que hasta ese entonces quizá por permanecer sentado estaba medio adormilado, despertó y enloqueció. Fue el clímax. Se palpaba la emoción en el ambiente. La banda consiguió que el tema fuese aún más animado de lo que ya es. Sin música, Montefusco se marcó un solo de voz con la frase “oír mi voz”. Aplauso acalorado. Se debió animar e intentó hacer partícipe al público, con un “diga lo que diga” rompiendo el silencio de un teatro sin música, pero el público respondió tímidamente. Volvió a la carga, ahora sí, con unos músicos dándolo todo, repitiendo varias veces esta última frase, cada vez más alto. Cuando acabó, el público sí se hizo notar con una larga cola de aplausos que parecía interminable.

“Tu que me has hecho daño, tú que me habías asustado […] Te invoco”. Continúan con la estela animosa, los violines se convierten en maracas y el acordeón en conga, es, de nuevo pero con distinta instrumentalización que al principio, Adiós. Y adiós es lo que hacen porque la banda se queda tocando mientras uno a uno van desapareciendo del escenario. Silencio. Ovación. Vuelven y Enric los presenta. Aleix Puig, de Brossa Quartet de Corda, (violín, entre otras cosas), Pere Jou, de Quart Primera o 4t1a, (acordeón, teclado, trompeta, conga, guitarra, etc), Ramon Rabinad (batería) y Jaime del Blanco (violín, tuba, y más). “Estoy muy contento de estar con ellos, de verdad”. Con el acordeón de nuevo como protagonista, es el turno del vals El riu de l’oblit, la única canción en catalán del disco, justo en el centro neurálgico del LP. Creo que me gusta Montefusco porque alimenta mi leve TOC, ya que siempre me ha dado la sensación de que le da muchas vueltas a las cosas, de una manera que solo los locos podemos ver.

– Después de este ir y venir, os vamos a mostrar la solución definitiva para la vida y el mundo. Es una versión, lástima que no sea mía jaja. Es de Albert Pla.


Me dijeron que era esto y era aquello
Que era cierto, y era falso
Que era bueno, y era malo
Que era blanco, y era negro
Que era tal, pero era cual
Que era así, pero era asá
Que era tal, pero era cual
Y que patatín, que patatán
Todo es mentira. Todo es mentira…


Silencio.

Adelante Montefusco (III): El corazón de M. despierta

La banda enmudece. Montefusco toca la guitarra. “Me voy a inventar un plan para escapar hacia delante”. Los asistentes cantaban a plena voz. Era Adelante Bonaparte (I), otro regalo que nos hizo esa noche. Esta canción hubiera sido el perfecto final. Pero todavía quedaba más. Acaba el tema y la tuba continúa como si nada hubiera pasado, las palmas de todos le marcaban el ritmo. Dice Enric:

– Estamos sentados. Pero este es un bolo muy animado. Nosotros nos vamos a ir, vosotros os vais a levantar y vamos a tocar un par de temas más en otro lugar.

La tuba dirigía y encabezaba una fila de músicos que iban por el pasillo del Casino, la gente se levantaba apresurada y comenzaba a seguir también a la tuba. Acabamos todos en el rellano. “¡Marco!”, dicen los músicos. “¡Polo!”, contesta el público. Empezaron a cantar “algo va a llegar a este bar” y el público los siguió. Montefusco corta.

– Espera, espera, quien desafine… Mm. Que no cante muy fuerte. Otra vez.

Esto era un cachondeo. Cantábamos la aflamencada Obra maestra. La frase “hay un hueco dentro de mí” era un subidón, pero el momento clave fue cuando repetíamos “y si el duende sale del dolor esto será una obra maestra”, en bucle, cada vez más alto; todos apelotonados en la entrada, con emoción deseosa de desbordar en los ojos. Más que un concierto, una experiencia. Me sentí niña de nuevo. Como si después de una mañana en el cole, con la flauta todavía en mi mochila rosa, me tumbara a escuchar mi disco favorito en el discman lleno de pegatinas. “Por las ganas de llorar cuando oigo a la gente cantar… Gracias”. El batería de manera improvisada marcaba el ritmo con las batutas en una mesa. La banda, Montefusco y el público en su totalidad disfrutamos este último momento como enanos, ya que fue muy acogedor y cercano. La ultimísima canción, Todo para todos, fue cantada como un himno, un canto a la vida, igual que empezó esta fábula circular. Cada uno que saque su propia moraleja.


Gracias por las clases de flauta
Gracias por las pelis de acribillar
Por los afluentes del Duero
Por el timbre del recreo
Por las modas de mi peluquero
Por las collejas por ser sincero
Por las ganas de llorar
Cuando oigo a la gente cantar
Gracias


Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco

Enric Montefusco