Crystal Fighters

Crystal Fighters

Crystal Fighters: Mucha hierba

Text: Jessica Cobos
Foto: Clara Orozco

Si no fuera porque estamos a menos de 20 días para Navidad, y en el Festival Cruïlla de Tardor, creería que estoy en el mismísimo Coachella, el mítico festival de California. Este verano estuvieron allí y también aquí, ya que esta noche no es la primera vez que pisan Barcelona los británicos Crystal Fighters. Sus dos apariciones más recientes han sido en la edición veraniega del Festival Cruïlla y el año anterior llenando las calles dentro del Festival Barcelona Acció Musical (BAM), mismamente en la cruïlla enfrente de la Antiga Fàbrica Estrella Damm.

El Sant Jordi Club viste su escenario con la portada XXL de su último trabajo, Everything is my family (Zirkulo/PIAS, 2016). Al verlo me recuerda a un mandala, me hipnotiza. Las puntillas que forman los dibujos se van iluminando en fosforito dependiendo de la luz y parecen flashes en mis ojos. Así de eclécticos nos deja el telonero, nada menos que El Guincho, creando electricidad estática entre los asistentes. El frío desde luego ya es inexistente y parecemos estar en un anuncio de verano. A cada minuto que pasa se me difumina el escenario y la portada del álbum la veo en 3D. Toda esa naturaleza sobresale ahora encaramada en los micros, en la batería, por el suelo… Y, al fin, ellos entran sigilosamente. Con una intro que ya es casi sello de identidad, nos introducen en su imaginario de fantasía vasca con los sonidos de la txalaparta. No vienen de Euskal Herria, pero sí que están vinculados a esa tierra. Todos nos quedamos admirados por la coordinación y la meticulosidad de su ritmo con los bastones, más que frenético, pero con una estética minimal. Aunque la espera se hace larga cuando ya sobran las ganas de escuchar los temas de la banda.

Salen del escenario y escucho como trinan los pájaros, como se aspavientar las hojas y cómo algo se adentra. Por fin pasan del minimalismo al animalismo y salen ellos, con garra y con uno de los singles que les hizo brillar: Follow (Star of love, 2010). Y es exactamente así, el público los sigue saltando, sonriendo, asintiendo, botando. Y como para no seguirlos, vestidos con túnicas blancas y turbantes, muy secta, y profesando su último lema hippie: “todas las cosas son mi familia”. Si el vocalista, Sebastian Pringle, pide que todos se abracen, todos se abrazan. Parece el ‘daos la paz’ de misa. Y si pide que choquemos los cincos unos con otros, la sala se convierte en un give me five multitudinario.

Van tocando sin reducir la energía que emanan, 15 canciones más, 11 del último álbum. Yellow sun o Lay low me llevan a la Costa Brava con amigos, mientras que In your arms o Live for you a una discoteca ibicenca. Mucho sintetizador, demasiada distorsión que no me acaba de convencer con su aura de hierba. Eso sí, todas son igual de exprimidas por los fans que las bailan como si ya estuviesen en San Juan, sin preocupaciones, con la sangre alterada y a punto de tirarse al agua. Por eso lanzan pelotas de playa gigantes hacia el público y con las que vamos jugando todos juntos, como una familia. Las últimas en sonar son You & I (Cave rave, 2013) y Plage (Star of love, 2010). Suena un efecto como de lluvia. Vuelta a la realidad. No estamos en verano, no estamos de vacaciones pero el agua hace seguir creciendo la hierba.

Crystal Fighters

Crystal Fighters

Crystal Fighters

Ellie Fletcher, Crystal Fighters

Crystal Fighters

Sebastian Pringle, Crystal Fighters

Crystal Fighters

Ellie Fletcher, Crystal Fighters

Crystal Fighters

Crystal Fighters

El Guincho

El Guincho

El Guincho

El Guincho