Caravan Palace

Caravan Palace

Barcelona era una fiesta

Text: Irene Picallo
Foto: Ignacio Barceló

Para Ernest Hemingway, París era una fiesta: la de los felices años 20, de cabarets y swing y jazz. Después de lo vivido en la ciudad durante aquellos años, viajase a donde viajase, con él siempre iba París y su fiesta:

If you are lucky enough to have lived in Paris as a young man, then wherever you go for the rest of your life, it stays with you, for Paris is a moveable feast.” – E. H.

“Si has tenido la suerte de haber vivido en París de joven, entonces vayas donde vayas el resto de tu vida, eso permanecerá contigo, ya que París es una fiesta móvil.” Extracto de sus memorias, a las que precisamente tituló de esta forma: A moveable feast en su título original, París era una fiesta en su traducción. Pero la fête no murió con Hemingway. Metafóricamente, ahora desde la misma ciudad, el grupo parisino Caravan Palace nos trajo hasta Barcelona los sonidos más clásicos del jazz y del swing de aquel París y su fiesta, pero mezclados con música electrónica. De esta forma la fiesta de la capital francesa continúa viva, pero adaptada a los tiempos posmodernos. La Sala Razzmatazz fue el cabaret donde los seis músicos hicieron vibrar al público con su electro swing.

Era uno de los conciertos más esperados del Festival Cruïlla de Tardor y empezaba sobre una abarrotada sala en Poblenou. Sin presentación alguna, sonaba boogie-woogie entre chorros de luces. Se trataba de Comics, uno de los temas originales de su nuevo álbum Robot Face o <|°_°|> (Wagram Music, 2015). La vocalista Zoe Colotis cantaba: “I do hope to God he’ll keep my boogies. But God don’t even care”. Después vino Lone Digger y la gente se vino arriba. Su videoclip, una historia gráfica dirigida por Double Ninja, ha alcanzado más de 30 millones de visitas en Youtube.

Groove sobre el escenario con Camille Chapelière con clarinete y saxo tenor; Charles Delaport al contrabajo y mesa de mezclas; Arnaud Vial a la guitarra; Hugues Payen al violín y coros; Paul-Marie Barbier en la percusión y vibráfono; Antoine Toustou al trombón y mesa de mezclas. Los estilos del grupo varían desde el funki, gipsy jazz, chill out, trip hop o dubstep, pero siempre mezclados con los sonidos y ritmos clásicos. El espectáculo no sólo era acústico, sino también visual. Vimos a Zoé bailar diferentes estilos de baile: charleston, black botton, lindy hop. Una energía arrolladora, tanto en sus movimientos como en su expresiones faciales. Era entonces cuando los parisinos nos transportaban a esa época de las vanguardias.

Entre canción y canción, tampoco había descanso para la cantante de estilo flapper, quien nos hablaba siempre en un impecable español. Con un ritmo veloz y un tono de voz muy pronunciado, retaba a un público hipnotizado “Habéis cantado. Ahora veremos si podéis bailar” o “¡¿Ya estáis cansados?!”. Y la gente bailó con Caravan Palace, tocó las palmas cuando sonaban los temas más swingers y saltó con los temas más electrónicos en la fiesta parisina que nunca acaba.

Caravan Palace

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