Concierto De Hinds Y El Último Vecino En La Sala Apolo. © Víctor Parreño

Hinds + El Último Vecino

Los hípsters son los nuevos punkis

Text: Paula Pérez
Foto: Víctor Parreño

El Último Vecino

Nos gusta el show. Es así. Para qué voy a gastarme 30 pavos si los músicos son casi tan inanimados como el CD, pensamos. Queremos chicha. Espectáculo. Queremos música, sí. Pero mucha performance también. Y el concierto de Hinds con El Último Vecino como invitado especial en la Sala Apolo fue todo eso y más.

Gerard Alegre (El Último Vecino), se movía y removía por todo el escenario. Su estilo de baile oscilaba entre el ‘ay que me caigo’ y el ‘me voy pa’ un lao’, pal’ otro lao’. Empezó a cantar: “Hoy te he visto en tu casa nueva, tu casa tranquila, / hoy te he visto en tu casa nueva, tu casa llena de vida.” La gente se volvió loca. Canción que pertenece a lo que considero un sencillo absolutamente redondo y desde un punto de vista creativo nada sencillo: Tu casa nueva (Canada, 2014). Empieza, efectivamente, con Tu casa nueva, sigue con Sin ni tan siquiera, y acaba con Culebra, Columna y Estatua, canción que también hizo que el público se revolucionara. La misma en el álbum cuenta con una colaboración de Javiera Mena, una chilena muy molona, que ya es considerada como ‘anti diva’.

Yo por ti seré… Culebra.

Las primeras filas estaban colonizadas por ‘putifans’. Un tipo de personaje sin distinción entre sexo, normalmente joven, y que se caracteriza por gritar mucho y mirar muy mal a otros ‘putifans’ (en algunos casos, depende de lo que se haya tomado, este espécimen puede incluso llegar a emplear la violencia física y/o verbal) si ven que a) alguien es más ‘putifan’, o b) alguien intenta colarse. Estos admiradores también eran los mismos que gritaban “quiero que me altere tu presencia cada vez más, más, más”. Y seguía El Ultimo Vecino: “hoy he tenido un sueño increíble, los lobos me rodeaban”. Letras que pertenecen a la tercera canción del álbum homónimo El último vecino (Doméstica Records, 2013). Fue editado en un cassette limitado de 100 copias, que obviamente ya está agotado desde hace tiempo. Aquí el líder de la banda hablando de cassettes:

El Último Vecino es un proyecto tan hípster que ellos ya editaban en cassette antes de que volviese a estar de moda editar en cassette. Sí, por si no te habías enterado, los cassettes son los nuevos vinilos. Si se hizo bien en los 80, ¿para qué cambiar? Pensamiento que también se aplica al vestuario que llevaba todo el Apolo, fuera y dentro del escenario. El Último Vecino iban tocando a ritmo de pop electrónico uno tras otro todos sus grandes hits, por lo que el público estaba muy feliz. Y Gerard tiró el micro. Y una chica miró con cara de ‘oh lo que acaba de hacer’. Y Gerard se puso a bailar ‘twerkeando’. Pasó una chica con una camiseta del mítico LP de Sonic Youth y joder le faltaba el cigarro y las gafas de sol para ser la versión cantante y danzante del dibujo. Todo iba rápido y el éxtasis colectivo se estaba germinando. Total, que fueron los teloneros menos teloneros de la semana, la temporada, o quizá la historia mundial. Las chicas con gargantillas y los chicos con Levi’s hubieran pagado solo para ver a El Último Vecino. Eran tan fans que hubieran pagado para solo un tema. Y aún quedaba el plato fuerte de la noche: Hinds.

Hinds

Salieron al escenario a ritmo de You sexy thing, de Hot Chocolate. El público gritaba como si se les fuese la vida en ello. De fondo, una pancarta gigante donde se veía el nombre de la banda rodeado de un estampado de leopardo. Las cuatro madrileñas empezaron a darle caña. Bamboo, Warts, San Diego… Tocaron también todos sus grandes éxitos. Sonaban más intensas que en Spotify. Sonaban llenas de una rabia feliz, como si dijeran ‘hemos venido a ser muy punkis porque es muy divertido’.

Las Hinds daban mucho espectáculo, así que los asistentes se divertían también. En la pista, quien no tenía un cigarro tenía un porro. Fumar, cuando está clarísimo que si te pillan te quedas automáticamente sin fiesta, demostraba una rebeldía de la que todos participaban en mayor o menor medida. Porque Carlotta Cosials (voz, guitarra), Ana Perrote (voz, guitarra), Ade Martín (bajo) y Amber Grimbergen (batería) son muy rebeldes. Mejor dicho, lucen una estética de niña rebelde gracias a la ropa y los peinados que eligen.

Las anteriormente Deers, son de lo más internacionales: Van a Japón, van a países aleatorios, a Asia, también al norte, Australia y Estados Unidos. Han actuado en tantos sitios que si no fuera por las fotos de Facebook daría la impresión de que se lo inventan. Además de viajar y subir muchas fotos a las redes, también hablan mucho: on y offline. Sobre el escenario, Carlotta introdujo Garden de esta guisa: “Estábamos por Madrid paseando, y vimos una tienda como de plantas y eso. ¡Garden!” Y empezó a sonar el tema que encabeza su última creación en forma de LP, Leave me alone (Lucky Number, 2016), su primer álbum.

So why don’t you just take my hand?

Todas le metían mucha caña y gritaban, tanto con la voz como con sus instrumentos de una manera hilarante y desenfadada. Pero en especial Amber (batería) marcaba el ritmo que era una locura. A los diez minutos de empezar el concierto ella era la que le decía a nuestros corazones cuándo latir. Y aun así, en un momento donde hubo un segundo de parón en el medio de una canción, aprovechó para arreglarse la coleta. Demasiado. Lo mismo hizo Carlotta, entre frase y frase se agachó para darle una calada a un cigarro que le pasó alguien de la primera fila. Acción que fundamenta todavía más la conexión evidente que tienen con el público. Tanto es el vínculo que el concierto acabó con casi toda la pista subida al escenario a modo de éxtasis colectivo. Una japonesa al lado de Carlotta estaba entre hacerse mil selfies con cara de ‘estoy viviendo el momento de mi vida’ y casi caerse del escenario de bruces, un espectáculo rabiosamente grotesco.

Desde el sencillo Demo (Lucky Number, 2014), que contenía el tema que las lanzó al estrellato, Bamboo, estas chicas no han parado de escuchar explosiones de aplausos por todas las esquinas del mundo, igual que críticas provenientes de los haters. La realidad es que da la sensación de que viven muy intensamente y se lo pasan de puta madre dentro y fuera de los escenarios, además lo transmiten. Y eso es lo casi lo único que importa.

[ANEXO] Breve pero intensa biografía de Hinds para quien no se entere de nada:

Carlotta y Ana, ambas guitarra y voces, tocan en bucle sus primeras canciones en casa de Carlotta, hasta ese entonces estudiante de medicina y actriz secundaria en algunos telefilms. Era 2014, se llamaban Deers y crearon Bamboo. Se dieron cuenta de que necesitaban a Amber (batería) y a Ade (bajista), que sí tenían formación musical. Ganaron el Converse Make Noise Malasaña, que fue el impulso definitivo. Empezaron a grabar – con la compañía inglesa Lucky Number –, a actuar y a triunfar. Algunos hechos:

  • Bamboo le encantó al cantante de Black Keys.
  • Hablaban de ellas en The Guardian, NME, Pitchfork y más.
  • Dieron conciertos en pubs de París, Berlín, Ámsterdam o Londres, entre muchos otros.
  • Tenían apenas cuatro canciones, ninguna con muchos arreglos.
  • Por aquel entonces la mayor, Carlotta, tenía 23 años.

Yo las conocí por esta locura de vídeo, donde dan unas pinceladas de su verano del 2014. A principios de 2015 tuvieron que cambiar su nombre a Hinds porque Deers creaba confusión con un grupo canadiense llamado The Dears. Así lo explican ellas. En el verano de ese mismo año tocaron en los principales festivales españoles, y en el extranjero dieron una gira internacional de más de un centenar de conciertos. Tienen muchísimos más méritos, incluso página en Wikipedia.

A principios de 2016 presentaron su primer álbum, Leave me alone (Lucky Number, 2016) ante la atenta mirada de familiares y amigos en El Corte Inglés de Madrid. Ahora, con un LP en el mercado los medios españoles han dicho ‘eh, que esto va en serio’. Por novatas, por chicas o porque están triunfando demasiado, les empiezan a llover las críticas. También los eternos defensores.

Los primeros ven que ni componen ni tocan bien. Y que además son un bluff, que literalmente significa engaño, se entiende como una estrategia de la industria musical para tenernos aborregados con un producto que todo el mundo piensa que es guay: “¿no has escuchado a las Hinds? ¡Si lo están petando!” Tanto uno como otro no entienden bien el porqué de su éxito, pero les gusta a ambos porque estas chicas son muy cool ergo yo soy cool al escucharlas y además lo están petando en el extranjero. Y los segundos dicen que esa falta de todo da vitalidad y mucha frescura. Haters gonna hate y lovers gonna love, así que cada uno con su rollo.

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

El Último Vecino

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

El Último Vecino

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

El Último Vecino

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

El Último Vecino

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

Hinds

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

Hinds

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

Hinds

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

Hinds

Concierto de Hinds y El Último Vecino en la sala Apolo. © Víctor Parreño

Hinds