48 Voll-Damm Festival Internacional De Jazz De Barcelona, BARTS, Concert, Dhafer Youssef. © Dani Alvarez

Dhafer Youssef

Salida, corazón y base

Text: Jessica Cobos
Foto: Dani Álvarez

“Crearía un perfume que no sólo fuera humano, sino sobrehumano. Un aroma de ángel, tan indescriptiblemente bueno y pletórico de vigor que quien lo oliera quedaría hechizado y no tendría más remedio que amar a la persona que lo llevara.” (El Perfume, 1985).

Así lo escribía Patrick Süskind y así lo vivo yo esta noche en la, hoy repleta, Sala Barts, con Dhafer Youssef y su último perfume: Diwan of beauty and odd (Sony, 2016).

Una noche más del 48 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona y, tal vez, uno de los conciertos menos fronterizos que ha acogido. Uno de los más jazzeros con un intenso contrabajo, pero en contraste con las notas del particular oud de Dhafer. La salida del perfume extasía al público sentado que acaba de recibir la primera pulverización con el tema Fly shadow fly. Los toques de fantasía del piano y los pellizcos de la batería, completan el instrumental de la banda sonora en la que nos vamos embalsamando, protagonista del espectáculo.

Disfrutamos de pequeñas dosis del corazón del perfume, los agudos de Dhafer y su oud (que significa madera y es un sofisticado material empleado en el mundo de la perfumería y también el instrumento más representativo de la música culta árabe). Sentado en el taburete se acerca la mano a la comisura y se presiona la nariz con índice y corazón para ‘nasalizar’ y elevar aún más el tono, con un poco de efecto de sonido. Nítido, penetrante. Exótico. Cada pieza es muy escenográfica, te trasladan por el mundo al estilo worldwide. En una me imagino en un mercadillo de Marruecos, en otra en una noche despierta en Nueva York, o por el Raval de Barcelona, sitios en los que ha estado Dhafer Youseff a lo largo de su trayectoria. Música sufí y jazz que supura el cuarteto, sonriendo todo el rato.

Me esperaba algo mucho más tranquilo. Pero el ritmo oriental ni deja huecos apenas, cada riff es más frenético y chispeante, realmente es un festival. El público mueve más la cabeza conforme avanza el concierto, desde atrás de la nuca hacia adelante al tempo del pianista, parecen coreografiados. Hay una mujer en primera fila que baila lo que le permite el asiento: palmea sus rodillas, chasquea los dedos, retuerce las manos a lo sevillana, ladea los hombros… me da que alguien hubiese preferido que el ‘piedra, papel, tijeras’ de los asientos de la Barts hubiese sido a la inversa y esta noche tocara todos de pie.

Of beauty & odd, Al-akhtal rhapsody, 17th flyways… todas las canciones tienen la duración típica de jazz, alrededor de los 7 minutos cada una. Dhafer las toca hilando fino, reflejando su paso por la London Symphony Orchestra. Los asistentes también parecían partituras al principio: Con saber estar, quietos – salvo la euforia de sus aplausos entre canción y canción – y con buen gusto por una noche de jazz que les ha roto los esquemas, el principal objetivo de la banda. Ahora no saben ni que estamos a noviembre ni que es miércoles, están admirados y extasiados por ‘el perfume’, por su base alzada con agudos y ecos, profundos que hechizan a los presentes.

El carismático vocalista avisa de que va a tocar la última, ¡cuando casi falta media hora para terminar! Se mueve con mucho ritmo, dándole un brío especial a su instrumento árabe. Tal como se mueve y cómo toca algunos riffs recuerda al músico Raúl Rodríguez. Todos estos detalles son notas de su espíritu explorador y su gusto por experimentar.

“Si queréis bailar, bailad. Si queréis amar, amad. Si queréis llorar, llorad. Pero, sobre todo, bailad. Levantaos y moved las caderas.” Y, dicho y hecho. Hechizados, y ahora sí coreografiados, todos se levantan y empiezan a bailar la última – en realidad penúltima – canción de la noche. Se ha cumplido el deseo de la mujer de la primera fila que ya baila desenfrenada. Ahora tocan la última canción, con aires africanos, focos de luces en forma de mandalas que colorean el escenario y el público que se ha vuelto una sola palma en la sala. Todos están alabando al tunecino y es que ha creado un perfume que no sólo es humano, sino sobrehumano. Un aroma de ángel, tan indescriptiblemente bueno y pletórico de vigor que quien lo escucha queda hechizado y no tiene más remedio que amar a la persona que lo lleva.

48 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, BARTS, Concert, Dhafer Youssef. © Dani Alvarez
48 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, BARTS, Concert, Dhafer Youssef. © Dani Alvarez
48 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, BARTS, Concert, Dhafer Youssef. © Dani Alvarez
48 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, BARTS, Concert, Dhafer Youssef. © Dani Alvarez